Monsanto o Mondiablo?

por Gustavo Pagnoni
ilustraciones Rodrigo René Cura

MONSANTO Una de las multinacionales más poderosas del mundo dedicada al agronegocio a escala global, fue adquirida recientemente por  Bayer  por 62.500 millones de dólares. Al igual que las mamushkas donde una muñeca mayor oculta otra menor en su interior, con esta maniobra se trata de limpiar la mala imagen de Monsanto que está cuestionada, demandada y procesada a nivel internacional, ocultándola al  fusionarla con otra empresa. Así Bayer se convierte en la principal corporación que controla el 30% del mercado de los agrotóxicos, que son compuestos químicos de origen sintético como herbicidas, pesticidas, insecticidas y bactericidas, utilizados para controlar organismos “nocivos”, principalmente para sus producciones agrícolas de semillas comerciales transgénicas.

Una larga lista de sustancias químicas oscuras y peligrosas atraviesa la historia de esta empresa. Uno de sus primeros productos químicos sintetizados fue la famosa Sacarina, usada en reemplazo de la sacarosa (azúcar de mesa) para endulzar alimentos y bebidas, revolucionando la industria de los edulcorantes artificiales por su aceptación pero también por su cuestionamiento por considerarse que su composición química es agente precursor cancerígeno, por lo que su producción fue descontinuada y prohibida durante muchos años.

Otro de los químicos “exitosos” elaborados por la empresa, el herbicida defoliante denominado “Agente Naranja” fue utilizado por la Fuerza Aérea estadounidense como parte de su programa de guerra química en la operación Ranch Hand, durante la Guerra de Vietnam desde 1961 a 1972, donde 76 millones de litros fueron rociados sobre más de dos millones de hectáreas en los bosques del sur de Vietnam y los campos de cultivo para acabar con las cosechas. Ocho millones de muertos y cientos de miles de personas afectadas durante los últimos 50 años por enfermedades neurológicas, leucemia, mutaciones y deformaciones congénitas producidas por el agente precursor de este herbicida, la Dioxina, que pertenece al grupo de «las sustancias más tóxicas que se conocen»…

Otro famoso producto desarrollado por la empresa, el Policloruro de bifenilo (PCB), ampliamente utilizado como intercambiador  de calor en sistemas eléctricos (como transformadores o estaciones rectificadoras) fue aceptado por el mercado debido a su alta estabilidad térmica y a su ininflamabilidad, por lo que su uso se extendió en todo el mundo. Sin embargo, los fabricantes tuvieron que reconocer su peligrosidad ambiental y para la salud, ya que fue encontrado en diferentes productos como leche y sus derivados, tejido adiposo (humano y animal) y otros órganos con contenido graso como el cerebro y el hígado. Hoy los PCB están considerados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) como uno de los doce contaminantes más nocivos fabricados por el ser humano. Prohibido desde 1977 en Estados Unidos, desde 1983 en Alemania y actualmente su uso está prohibido en casi todo el mundo.

La lista de “químicos milagrosos” producidos por Monsanto es abundante, y en su sesgo por proporcionarnos un mundo feliz, la empresa inundó el mercado con el famoso “glifosato”, un herbicida portentoso que destruye cualquier planta en su ambiente natural o en sembradíos pero que no afecta a los cultivos modificados genéticamente (transgénicos) como la soja, el maíz o el trigo, que son semillas producidas por la misma empresa. Este producto es uno de los biocidas más utilizados en la agricultura convencional para el control de plagas que afectan a los cultivos. Sus efectos nocivos para el ambiente y la salud son considerados por Monsanto (y numerosos estudios que así lo ratifican) como despreciables o de bajo impacto, por lo que su uso se ha generalizado en todo el mundo. 

Sin embargo apenas el 10% de los plaguicidas aplicados alcanzan el organismo a proteger, siendo el 90% restante depositado en suelos, agua, sedimentos, o sobre especies que no son consideradas perjudiciales para los cultivos en cuestión y de forma directa o indirecta afectan la salud pública y contaminan el ambiente. 

Existen numerosos estudios que describen que la exposición continua al glifosato supone un peligro para la salud, produciendo alteraciones genotóxicas, mutagénicas e inmunológicas, diversos tipos de cáncer, déficit neurológicos y neurocognitivos, disrupción endócrina, malformaciones congénitas, problemas de fertilidad y reproducción. La Organización Mundial para la Salud (OMS), describe claramente su toxicidad: indicando que son productos categorizados como probables cancerígenos, teratogénicos (afectan al embrión en su desarrollo pudiendo causar malformaciones congénitas) y disruptores endócrinos (afectan al sistema hormonal y producen daños irreversibles).

D. Johnson, un jardinero de California, usaba regularmente glifosato en su trabajo. Después de pasar años rociando este producto, desarrolló linfoma no Hodgkin. Llevó su caso a la justicia y en agosto de 2018 obtuvo el fallo, donde se consideró probado que los agrotóxicos fueron los responsables que le causaron el cáncer y que Monsanto no informó de la peligrosidad de los formulados químicos, condenando a la empresa a pagar 289 millones de dólares. En marzo de 2019 se vuelve a sancionar a la compañía Monsanto a pagar más de 2.000 millones de dólares a Alva y Alberto Pilliod, quienes usaron el herbicida en sus tierras, y contrajeron cáncer. Bayer, al haber adquirido a Monsanto, deberá enfrentar más de 13 mil juicios en los Estados Unidos de víctimas por el uso del glifosato, aunque muchas de ellas no llegarán a la sentencia con vida. 

Por sus efectos tóxicos, el uso de este herbicida carcinógeno ya ha sido prohibido en 28 países. Sin embargo, en Argentina en los últimos 20 años, la aplicación del glifosato aumentó en más del 1000 %, siendo las regiones más pobladas del país rociadas con 500 millones de litros anuales. Ya en el año 2009, la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas presenta un primer recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, solicitando una serie de medidas de protección ambiental y de salud para la población nacional, ante las gravísimas y generalizadas consecuencias sobre los ecosistemas y la población por la utilización de este agrotóxico, invocando el principio precautorio del derecho ambiental. No obstante, y a pesar de las abundantes argumentaciones en contra del uso del glifosato, en Argentina los jueces y la Corte Suprema han rechazado sistemáticamente todos los amparos presentados en contra del uso del mismo, convirtiéndose en forma directa e indirecta en cómplices de que miles de argentinos sean envenenados a diario con estos biocidas peligrosos para el ambiente y la salud. 

El modelo tecnológico de agronegocios de monocultivos intensivos transgénicos dependiente de químicos sintéticos, generado por las corporaciones y avalado por todos los gobiernos de turno, afecta la salud de las poblaciones rurales y periurbanas, produce perjuicios sociales, expulsando a cientos de miles de habitantes del campo y pequeñas comunidades agrícolas, condenándolas a sobrevivir en los arrabales de las ciudades, despojándolas de su identidad cultural, sus tradiciones, su vinculación con su tierra y la diversidad productiva, en tanto que también produce daños ambientales por la incesante deforestación del monte nativo, pérdida de biodiversidad, infertilidad de los suelos e inundaciones cíclicas. 

No se tendría que  convalidar este modelo que envenena, que es insustentable y por lo tanto inviable. Debería reemplazarse por un modelo agroecológico que respete la vida y que promueva la producción, conservando los recursos naturales como suelo, agua y biodiversidad. 

Fuentes

  • Anvisa retira alerta de consumo para produtos que podem até “corroer a córnea”. Pedro Grigori, Brasil. Noviembre 2019.
  • Escuelas fumigadas, una práctica que se repite en toda la Argentina. Foro Ambiental -Diciembre de 2017.
  • Mientras aumentan los casos de cáncer, Rosario todavía no sabe qué va a pasar con el glifosato. Foro Ambiental. Noviembre de 2017.
  • Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). O cómo maquillar un genocidio. Multisectorial Paren de Fumigarnos – Santa Fe-. Noviembre 2019.

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