Grandes Plataformas en pequeñas ciudades

por Leo Ordinez
ilustración Marcelo Cerezo
foto Emiliano de Marco

Las plataformas de economía colaborativa representan un pico máximo en la materialización del concepto de globalización en la era de la información. En estos mercados virtuales, usuarios y proveedores se emparejan al mismo nivel y realizan sus intercambios, bajo las reglas del libre mercado y autorregulados por la misma plataforma. Estas góndolas inasibles de productos se convierten en el mercado en sí, en las reglas, con poder de juzgamiento, expulsión y beneficio. 

-¿Me mostrarías esas sandalias?

-Sí, como no. ¿En qué número?

-En 37… Traémelas en 36 también, porque tengo medio punto y el pié fino… Así veo.

En el caso particular de las aplicaciones de entrega de productos (delivery), las plataformas sirven de intermediación entre los proveedores, mayormente de comida preparada, y los consumidores. Además del servicio de gestión del pedido, ofrecen el servicio de logística de entrega, administrando una verdadera flota de cadetes mediante complejos algoritmos de enrutamiento, despacho y calificación del servicio. Este tipo de propuestas surgen, de alguna manera, como evolución tecnológica natural de los servicios de delivery de los diferentes comercios, restaurants y pizzerías. De hecho, el primer pedido a través de Internet se le arroga a Pizza Hut, en el año 1994.

-¡Rotisería, buen día!

-Buen día. ¿Me podrías preparar una milanesa, chica, por favor? ¿Y una ensalada de zanahoria y tomate, con poquito tomate?

-Sí, no hay problema. ¿Adónde lo enviamos? ¿O lo pasa a retirar?

A finales de los noventa y durante la primera década de los 2000, en la Argentina, se da un fuerte auge de los servicios de delivery de comida. Sobre todo, en las grandes ciudades, donde factores de la vertiginosa vida cotidiana, escasez de tiempo, sobreocupación laboral (pluriempleo) y tiempos de viajes; se sumaron a tendencias culturales mundiales y modas, favorecidas por el surgimiento de las redes sociales digitales. De este modo, así como se volvió más cool tomar un Starbucks caminando por la calle, que “un jarrito en el café”; lo mismo ocurrió con el delivery. Precisamente, en 2009 aparece Pedidos Ya, una app de delivery desarrollada por un grupo de jóvenes uruguayos.

En la primavera de 2019 -exactamente 10 años después de su fundación el 17 de octubre de 2009- se anuncia el desembarco de la app en la provincia del Chubut, más precisamente en la zona de Trelew, Puerto Madryn y Rawson. La noticia no tuvo gran repercusión ni generó mayor polémica que la de un sindicato que agrupa a los repartidores motorizados, advirtiendo sobre las condiciones laborales precarias que propicia la compañía. En las redes sociales las pocas manifestaciones fueron positivas, lo cual da cuenta de lo que algunos autores denominan “mundialización de la cultura”. Más aún, pone de manifiesto claramente cómo esas tendencias mundiales homogeneizantes que equiparan, en todo sentido, las diferencias y particularidades de lo local y hasta lo nacional, se asientan incluso en un contrasentido económico. Todo es moderno, efímero, indistinguible. Lo inmanente se vuelve difusamente volátil. Se confunde con el resto de la muchedumbre como un hombre de traje gris a la espera de su semáforo. Huele a industrialización estandarizada de procesos repetitivos. La acción social del intercambio, de la transacción, se vuelve inocua, fútil; está en todos lados y no pertenece a ninguno: nadie está detrás del mostrador.

”Ingrese los datos de su tarjeta de crédito”

”Ingrese la dirección de envío”

“¿Confirma la compra de: ‘1 ensalada César + 1 gaseosa (combo César) & 1 papas fritas’?”

No se niega la modernidad ni las mundialización cultural, sin embargo es importante estar atentos ante estas situaciones, a fin de incorporar lo nuevo a lo ya establecido, de forma de generar algo superador para la sociedad. Las características geográficas de lo local, están en las antípodas de las condiciones para las que se plantearon originalmente ese tipo de aplicaciones. El barrio de la metrópolis está repleto de ajenidad. En el pueblo o la ciudad pequeña no nos conocemos todos, pero sí nos reconocemos, nos registramos. Tal vez por eso la extravagancia o la rareza sean solo anomalías.

En una ciudad patagónica, marcada por la incompletitud de su mancha urbana y su anchura más que una compacta intensidad del hábitat, hay otros aspectos que considerar. No solo el territorio es hostil y extenso para repartir pizzas en bicicleta, sino que el clima no colabora tampoco. Las vías no aceptan ciclistas, solo «hacen la vista gorda».

Por otro lado, una cuestión no menor tiene que ver con el impacto que una gran empresa de servicios de comercio electrónico puede generar al desembarcar en un pequeño puerto patagónico. El embrionario mercado informático local, ¿puede navegar en el mar de las compañías multinacionales? ¿Y competir en Silicon Valley? ¿El pequeño comercio de la ciudad o la Pyme, pueden contratar (y sostener) dos o tres sistemas de software diferentes? ¿Qué deja en el lugar una plataforma virtual pensada para la ubicuidad?

“Transforme su negocio en digital. Ahorre en recursos. Optimice su producción. Controle mejor sus ingresos y egresos. Llámenos. Asesoramiento Informático Integral para Empresas

Para sintetizar, en términos de Renato Ortiz, lo nacional y lo local están penetrados por la mundialización. Pensarlos como unidades autónomas sería inconsistente. Sin embargo, como la base material de la modernidad-mundo es desigual, y la expansión de la cultura debe obligatoriamente tener en cuenta la diversidad de los pueblos, su conjunción sólo ocurre de modo diferencial. El lugar (y local) es el espacio de esa diferencialidad.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s