El Club De Los Pantalones Cortos

Entrevista a Agustín Scarpati Curin, por Sebastián Pratesi

En Escuela de rock, Dewey Finn (el personaje de Jack Black) explica que “simplemente decidí rendirme y ser profesor, porque quienes no pueden hacer, enseñan; y quienes no pueden enseñar, enseñan Gimnasia”. Agustín Scarpati Curin pertenece al grupo de los que hacen. Con apenas 18 años y medio, Agustín ya ha publicado su primer libro – una colección de relatos breves titulada Anima mea (‘Mi alma’ en latín). 

La producción de Agustín tiene bastante de fantasía y terror, sí, pero también algo de humor (como en “Perdido”) y romance (en “Corazón de lata”); siempre, por supuesto, con el estilo particular de Agustín. Uno de los relatos más entretenidos de Anima mea es el que cierra el libro y se llama “Mi historia en el bosque”. Sin dar demasiado detalle o arruinar el final, se puede decir que la historia no termina – más aún, que no hay realmente una historia en el bosque. Se parece un poco a esa escena de “La hora de la nostalgia” de Les Luthiers en la que José Duval explica sobre su libro. 

Agustín nació en Buenos Aires en noviembre del año 2000, pero durante los últimos 12 años de su vida ha residido en Puerto Madryn. De chiquito se leía todo lo que se interpusiera en su camino, y con el tiempo desarrolló una predilección por la fantasía y (en menor medida) la ciencia ficción. Anima mea es el producto de un año de asistir a un taller literario dirigido por la profesora Roxana Castelli; el libro está editado por Remitente Patagonia, y fue presentado a la comunidad el pasado sábado 11 de mayo en la Biblioteca Pedagógica N°6 ‘Escritores Patagónicos’. 

A continuación, una serie de preguntas y respuestas de una entrevista mantenida con Agustín a fines de julio, para conocer al autor y a la obra un poco más en detalle.

Según la biografía en la solapa de Anima mea, de chiquito ya escribiste “algunas historias simples”. ¿Te acordás de qué trataban? 

No tengo memorias en sí de esas historias. Más bien recuerdo que me gustaba escribir cuentos al igual que dibujar cuando estaba aburrido; a veces, estas dos cosas se combinaban y se volvían cuentos ilustrados. Me acuerdo puntualmente de hacer viñetas de Condorito, que me gustaba mucho leer de chico, además de un comic sobre un chicle policía que luchaba contra zombis, que escribimos con un amigo en la primaria. Actualmente no dibujo tanto como antes, pero siempre está bueno poder ilustrar tus ideas. 

¿Alguna de esas historias eventualmente reflotó en Anima mea

No literalmente, al menos no intencionadamente. No me pasó de agarrar un cuento que ya había escrito y reformularlo; de lo que sí estoy seguro es que algo de ese entonces se ve reflejado en los cuentos. Recuerdo que me gustaban las fábulas, y eso se ve reflejado en el primer cuento. También hay un poco de mis terrores a la oscuridad y lo desconocido; creo que no hay mejor manera para escribir suspenso/terror que teniendo en cuenta tus miedos de niño. 

¿Cuáles dirías que son las características principales del género ‘fantasía’? ¿Por qué es tu género favorito? 

Yo creo que la fantasía debe ser ficticia pero creíble, además de que es un tipo de ficción especial, ya que no son solo sucesos que no ocurrieron, sino que no pueden ocurrir; son increíbles e imposibles, como la magia y los monstruos, y de todas formas te lo podés creer. Eso para mí es lo más maravilloso de la fantasía, desde un aspecto de lector. Desde la perspectiva de escritor es emocionante y divertido que no haya realmente un límite en cuanto a lo que inventás, no tiene que concordar con la realidad y la única lógica que sigue es una lógica interna, por lo que las posibilidades son infinitas; el único límite es la capacidad del lector de entender lo que planteás y, obviamente, tu imaginación. 

¿Cuánto de lo que escribiste durante la época del taller literario quedó afuera del libro? 

Bastante. Quizás no mucho en cuanto a cuentos, pero sí tengo muchas poesías que iban a estar originalmente en el libro (el cual iba a llamarse Collage e iba a ser una colección de todo lo que había escrito entonces). Pero, después de que lo revisara mi maestra detenidamente, decidió que debía ser separado y que las temáticas eran muy diferentes como para compartir espacio. 

¿Has considerado subir ese material extra a las redes o a alguna web especial? ¿O preferís compartirlo más adelante como un nuevo libro? 

Preferiría publicarlos en un nuevo libro, que es seguramente el caso con las poesías. También me gusta guardarme algunas para mí, quizás algún día las cambie o no tenga problema en compartirlas, pero creo que el escritor siempre se queda con algo. 

“La semilla del diablo” comparte ciertos elementos con “El diablo de la botella” de Robert Louis Stevenson: en ambas historias, los personajes principales son engatusados con un producto ‘demasiado bueno para ser real’. Varios episodios de Black Mirror siguen una premisa similar: los protagonistas se enamoran de una nueva tecnología sin considerar las consecuencias. ¿Te inspiraste en alguna situación de la vida cotidiana al escribir “La semilla del diablo”? 

Me gusta Black Mirror, algo de la serie puede haberme inspirado. Cuando escribía el cuento pensaba en las historias en las que venden su alma al diablo. Pensaba especialmente en la leyenda de Jack-O’-Lantern [antigua leyenda irlandesa, cuyo protagonista también es llamado ‘Jack el Tacaño’]; aunque en ésta es él el que engaña al diablo y no al revés. En cuanto a la vida cotidiana, me inspiré en los vendedores ambulantes; algunos también buscan engatusarte, por lo que la idea de que alguno sea el diablo no parece tan descabellada. En cuanto al protagonista, he oído historias de personas que invitan a dichos vendedores a sus casas y le ofrecen comida, como si fueran invitados. 

En “Cielo”, uno de los relatos más cortos en la colección, dejás a quien lee con muchas dudas. ‘¿Quiénes son “nosotros”?’ ‘¿Qué color es “rojomuerte”, y porque “nosotros” ven al cielo de ese color?’. En “En los días de lluvia” también uno queda con la intriga. ¿Escribís así a propósito, para darle a quien lee el gusto de imaginarse el resto? 

Sí, totalmente. La intriga es el mejor combustible para la imaginación, y creo que no hay nada más interesante para un escritor que escuchar las interpretaciones ajenas; es una de las cosas que más ganas tenía de experimentar desde que empecé a escribir el libro.

“Mala compañía” y otros relatos tienen giros interesantes al final. ¿Te resulta fácil dar con esos giros? ¿O se te hace pesada la tarea de buscar alguno que te convenza? 

Me encantan los giros; siempre que puedo, me gusta hacer alguno. Realmente no me dan mucho problema a la hora de pensarlos, suelen venir a mí casi tan rápido como la idea de la historia. A veces tardan un poco en llegar, pero prefiero no hacer un giro a que hacer uno que no me convenza. 

Uno de tus relatos se llama “El fin del mundo como lo conocemos”, y me recuerdan a canciones sombrías como “Bloodflowers” de The Cure y “El ciervo vulnerado” de The Mars Volta. ¿Escuchás música mientras escribís? ¿Crees que eso ayuda, o que por lo menos influye en el proceso? 

No lo he hecho todavía, pero no me parece mala idea. La música ayuda a mantenerte en un mismo tema, idea o sensación; debe ser muy útil para no perder el hilo. Quizás sea más que nada útil con novelas o sesiones de escritura largas; como digo, todavía tengo que probarlo. Cuando escucho música, surgen muchas ideas; algunas canciones me han inspirado, y creo que se ve reflejado en mis cuentos. 

¿Crees que hay más de inspiración o de transpiración en tu proceso creativo? 

Hay más de inspiración. A veces me cuesta sacar algunas ideas a flote, pero suelo disfrutar el proceso de escritura. Normalmente sigo con la inspiración inicial y no la suelto por nada hasta que termino el cuento. 

¿Qué consejos le das a chicos y chicas más jóvenes que vos, que por ahí también se dedican a escribir en su tiempo libre? 

Les aconsejaría que lo compartan con alguien más. No necesariamente publicar un libro, pero sí dejar que alguien más lo lea; es realmente muy útil, ya que suelen tener otra perspectiva y pueden ayudarte con algunas cosas. También aconsejaría ser abierto a la crítica. No a todos les va a gustar lo que escribís, claro está, pero además hay que saber incorporar los consejos ajenos, y no creer que uno ya no tiene margen de mejora, porque siempre hay. 

Recíprocamente, ¿qué buscás aprender de tus profesores y compañeros en la universidad? 

Espero aprender herramientas en cuanto a la teoría, pero lo que me parece más importante es contemplar las otras perspectivas. La universidad me ha permitido juntarme con gente a la que le gusta escribir, y nos ayudamos mutuamente; no creo que haya algo mejor para alguien que le guste esta actividad. La escritura se suele ver como el trabajo de uno, y aunque técnicamente lo es, se nutre de muchas personas. No creo que exista un solo libro que haya realmente sido hecho por una sola persona. 

¿Algo que hayas leído recientemente que quieras recomendar? 

Hace poco terminé de leer el libro de Neil Gaiman Humo y espejos; cualquier cuento es muy recomendable. A mí me lo recomendó una amiga que sintió que teníamos un estilo similar, y no puedo negar el parecido. Mientras lo leía sentía que eran ideas que se me podrían haber ocurrido a mí; que las pudiera llevar a cabo tan magistralmente como él lo pongo en duda. Es una lectura muy recomendable, sobre todo si les gusta lo que escribo. 

Anima mea se puede conseguir en La Boutique del Libro.


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